
Cuando paseas por un olivar no solo ves árboles, sino que contemplas monumentos vivos que han sobrevivido a toda clase de épocas. Por esa razón, el patrimonio oleícola es mucho más que la producción de aceite de oliva, es un compendio de historia, biodiversidad y cultura que define la identidad de los pueblos del Mediterráneo y cada vez más la de otras regiones del mundo.
Un patrimonio que traspasa fronteras
El concepto de patrimonio suele asociarse a edificios históricos y obras expuestas en museos. Sin embargo, el patrimonio oleícola es transversal. Sin ir más lejos, los olivos que llegan a ser centenarios y hasta milenarios son bancos de germoplasma vivientes, esenciales para conservar la biodiversidad y fomentar la seguridad alimentaria.
Por otro lado, cabe destacar elementos imprescindibles en la producción del aceite como las antiguas almazaras de piedra, un legado arquitectónico que se une al patrimonio inmaterial del saber hacer de los agricultores, las festividades celebradas en torno a la cosecha y su contribución a la gastronomía mediterránea, un valor cultural reconocido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
El olivar, un paisaje sostenible
Generación tras generación la mano del hombre ha dado forma a un ecosistema único que combate la desertificación, además de ser el hogar de diferentes especies de plantas y animales.
De ahí que, en un mundo asediado por los efectos del cambio climático, el patrimonio oleícola se alce como un gran pulmón verde capaz de reducir la huella de carbono, una solución necesaria para contrarrestar la contaminación que produce la actividad comercial de distintos sectores.
El patrimonio oleícola también fomenta la economía circular al cumplir el objetivo de residuo cero. De esta manera, hasta el hueso de aceituna se utiliza para transformarse en biomasa, una fuente de energía renovable destinada a producir calor en calderas y estufas dentro de los hogares.
Aceite y sus beneficios para la salud
Por otro lado, son innegables los beneficios que aporta el consumo de aceite de oliva virgen extra gracias a su contenido rico en antioxidantes naturales.
Estudios científicos como el de PREDIMED han puesto de manifiesto que su consumo de manera habitual reduce drásticamente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares así como la diabetes tipo 2, previene la obesidad, mejora la salud cognitiva y produce un potente efecto antienvejecimiento.
La revolución del futuro
La tecnología más avanzada también contribuye a mantener vivo el olivar tradicional. Gracias al análisis de datos, se puede monitorizar la salud de los olivos con una precisión increíble. Incluso la digitalización de este patrimonio hace que sea posible apadrinar un olivo desde cualquier rincón del mundo se puede desde apadrinar un olivo, por no hablar de la oportunidad de recorrer una almazara que ofrece una visita virtual.
Sin embargo, no hay nada mejor que presenciar el patrimonio oleícola en persona. De ahí que el oleoturismo esté ganando cada vez más adeptos. De esta manera, los consumidores de aceite pueden vivir una experiencia que fomenta la preservación de este patrimonio al poner en valor el esfuerzo que supone producir cada gota de aceite. De esta manera, se conserva la riqueza que aportan las distintas variedades de aceituna y hasta se genera empleo en zonas más despobladas.
En AOVEland, la almazara de Oleícola Jaén, puedes reservar una visita guiada con la que disfrutarás de un viaje inmersivo para conocer la esencia del AOVE a lo largo de la historia y su impacto a diferentes niveles. ¿A qué esperas para disfrutarla?
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