Tradiciones orales del mundo oleícola que debes conocer

Desde que el tiempo es tiempo, la tradición olivarera ha pasado de generación a generación por medio de la palabra hablada, una vía que entrelazaba la sabiduría popular y el sentimiento de pertenencia a una comunidad, dando forma a una cultura que hoy sigue viva.

En este artículo te contamos más acerca de este patrimonio que, aunque no se puede embotellar como el aceite, es igual de esencial para entender nuestra identidad dentro de la cultura mediterránea.

El refranero oleícola, la sabiduría que precede al algoritmo

Antes de que existieran las estaciones meteorológicas y otros novedosos sistemas tecnológicos, el trabajo del agricultor dependía, aparte de su esfuerzo, de la observación. A partir de ella, se desarrolló una especie de literatura en torno a lecciones agrícolas que se guardó en la memoria colectiva.

Por ejemplo, seguramente habrás escuchado eso de "el aceite de oliva todo mal quita". Este tipo de dichos no eran simples rimas, sino que actuaban como un manual de instrucciones. De esta manera, el refranero oleícola marcaba los tiempos de la poda, alertaba de plagas, predecía la calidad de la cosecha y aconsejaba su uso para tratar diferentes afecciones. Esto permitía que todos estos conocimientos fueran accesibles para todos, independientemente de su nivel de alfabetización, su experiencia en el campo o incluso la época en la que naciera.

Si quieres conocer más dichos populares, puedes encontrarlos en la biblioteca virtual del Instituto Cervantes o en la del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

El léxico en torno al olivar, un legado imprescindible

Toda esta tradición oral propició la creación de un léxico particular que a menudo no aparece en todos los diccionarios. Es el caso de palabras como zapatera o enverada, que describen el estado de la aceituna, o de espuerta y alcuza, algunas de las herramientas que se utilizan durante las faenas. 

La cuestión está en que cuando una palabra deja de decirse, una parte de la realidad desaparece. De ahí que las tradiciones orales sean las guardianas de una forma de vida y también de la manera de entender el entorno rural. 

Afortunadamente, esta cultura ha quedado registrada en obras como "Vocabulario andaluz" de Antonio Alcalá Venceslada y "Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía" de Manuel Alvar.

Cantos de verdeo y siega, el ritmo de la faena

Algunas tareas agrícolas como la recolección de la aceituna siempre han sido una labor colectiva. Así, cuadrillas enteras convivían durante meses en los cortijos. En ese contexto, el canto surgió no solo como una forma de entretenimiento, sino como una herramienta de coordinación y también como una vía para subir el ánimo entre los compañeros durante las largas jornadas de trabajo.

Sin ir más lejos, en regiones de Andalucía los cantes de aceituna y las coplas populares servían para marcar el ritmo del vareo. Estas canciones hablaban de amores prohibidos, de lo duro que era el trabajo y del alivio que suponía el fin de la faena, creando un sentido de pertenencia entre los jornaleros y convirtiendo una tarea extenuante en una expresión artística.

Es tal su valor que están declarados Patrimonio Cultural Inmaterial y universidades como la de Jaén conservan la grabación de estas coplas.

Leyendas y mitos, el carácter mitológico del olivo

La tradición oral también se ha encargado de rodear al olivo de un halo de misterio. Desde la mitología griega, donde Atenea hace brotar el olivo para ganar el patronazgo de Atenas, hasta las leyendas rurales sobre olivos de sangre. Incluso ha sido un elemento imprescindible en toda clase de religiones.

Estas narrativas han dotado al olivo de una personalidad casi divina y esa visión, transmitida de boca en boca, ha sido fundamental para la conservación de ejemplares milenarios que, de otro modo, podrían haber sido talados hace décadas.

El eco de la tradición oral en el mundo digital

Hoy en día, el mundo oleícola se enfrenta a un proceso de modernización. La maquinaria sustituye a los brazos y hasta el algoritmo hace lo propio con el refranero. Sin embargo, la tecnología no puede replicar la cohesión social que generaba la palabra que se compartía durante la faena.

Por esa razón, mantener vivas estas tradiciones orales es una necesidad, la de fomentar una cultura cuyos valores se basan en los ciclos de la naturaleza, la resiliencia y la importancia de la comunidad. Y documentar todas estas historias permite que sigamos regando nuestra propia historia.

Aportando nuestro granito de arena, en AOVEland, la almazara de Oleícola Jaén, hemos recogido toda esta tradición para plasmarla de forma inmersiva en una visita guiada que permite descubrir la esencia del AOVE y su influencia a lo largo de la historia. ¡Haz tu reserva y vive una experiencia inolvidable!

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